Siempre me han dicho que Gran Canaria es fea, que los
canariones son el mal, y que las Canarias están divididas en provincias para
evitar el contacto innecesario entre los habitantes de las islas rivales. Así
que cuando hace una semana fui de vacaciones a Gran Canaria iba un poco
intimidado. No sabía como de hostiles podían llegar a ser mis vecinos.
Y sí, los primeros canariones con los que tuve contacto
fueron bastante rudos (nivel masticar piedras), pero la cosa fue mejorando al
llegar a las zonas más turísticas. Y cuando conseguí coger un poco de perspectiva, y retirar mi atención de las personas, vi la
inmensidad cultural y social que se desplegaba ante mí. Mucha gente de muchas
nacionalidades distintas, tiendas de todo tipo, centros comerciales cada pocos
kilómetros, museos de diferentes disciplinas repartidos por la capital… Era
como avanzar 10 años hacia el futuro, como si la estructura cultural de la isla
sacara una década de ventaja a la de cualquier otro lugar que haya visitado.
Tenerife, es preciosa, única, y posee cosas que nunca he
visto en ningún otro sitio. Pero no hay excusa para no visitar más lugares y
conocer a otra gente. Puedes descubrir cosas que jamás esperarías, y comprender
que ser fiel a tus raíces no es incompatible con abrirte a nuevos ambientes y
formas de vida. Así que viaja, disfruta, y cuéntalo.